El día del Padre

por @alejandromendo

El cuatro veces Balón de Oro Leo Messi ha declarado en una reciente entrevista  que “para mi viejo nunca juego bien”. La pulga, lejos de quejarse o sorprenderse, destacó con sonrisa pícaro-orgullosa la importancia de la figura de Jorge Messi, padre del fenómeno, que solía criticarle cuando el pequeño argentino ya driblaba a equipos enteros en su tierna infancia. La primera persona que supo ver el talento exponencial de Leo fue Jorge; entendió que el mejor favor que podía hacer a su hijo y a todos los amantes del fútbol era precisamente apretarle, exigirle, aconsejarle, motivarle. Ahora el pequeño es un gigante, el más grande de siempre, y quién sabe si ese afán competitivo, esas ganas de balón, de ir a por más, de otro gol, no se deban a la justa exigencia de un padre que, consciente del potencial de Leo, no se limitó a aplaudirle sino que trató de inculcarle que siempre es posible y necesario mejorar. Después de todo, no le fue nada mal la estrategia a Jorge, ¿no?

Para un futbolista en formación, un padre es entrenador, es crítico, es fan incondicional, es preparador físico, utillero, director técnico, psicólogo, presidente y representante. Un padre que ve jugar a su hijo sufre, exige y disfruta a partes iguales, en muchos casos está contemplando su “yo” de 25 años atrás, está modelando, aconsejando, puliendo, educando, formando, transmitiendo unos valores que van (mucho) más allá de lo táctico.

Yo mismo tuve la suerte de contar con el mejor Staff técnico del mundo, un impagable organigrama unipersonal compuesto por asesor de imagen (con él compraba las botas de fútbol), patrocinador sólido y generoso inversor (él pagaba la ficha y la inscripción anual a un equipo), chófer puntual (él me llevaba a los partidos), doctor, ojeador y profesor (con él veía otros partidos, en directo y en la tele), portero incansable (para que yo ensayara el disparo a puerta), compañero de entrenamiento, preparador físico y técnico (“ahora puedes tirar sólo con la izquierda”). Y al llegar a casa tras firmar una notable actuación, regalar un par de asistencias o marcar tres goles, ambos sabíamos que comentar un par de balones perdidos, ese control que se escapa o esa pereza al presionar era la fórmula para seguir creciendo, personal y futbolísticamente.

Felicidades Papá.

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