Lo de Thiago

por @alejandromendo

El campeón de Liga, quien teoricamente menos necesita reforzarse, abrió la danza del Calciomercato con el deseado fichaje de Neymar. Quien da primero, da dos veces, etcétera.  Como sucedió en 2010 con David Villa, firmado antes del Mundial de Sudáfrica, la actual junta directiva cerró e incluso presentó al crack brasileño en las semanas previas a una Copa Confederaciones en la que brilló con luz propia y de la que salió campeón barriendo a una desconocida España. Su notable actuación, con el Santos, Florentino, el padre de la criatura e intermediarios varios de por medio, hubiera supuesto un sensible incremento del precio, por lo que, por una vez y sin que sirva de precedente, chapeau para Zubi y compañía.

Desde entonces, ni una buena noticia para los culés. La operación salida ha ido aligerando a trompicones la plantilla, con cesiones de perfil bajo y sin hacer mucho ruido como las de Rafinha y Fontás al Celta (via Luis Enrique, diríamos si fuese un tweet) o la de Bojan al Ajax. El guaje Villa, que parecía gozar de buen cartel entre los clubes ingleses, ha sido recientemente vendido a precio de saldo al Atlético, en una operación en la que, de las tres partes involucradas, dos rebosan alegría (el jugador y los colchoneros) y la tercera (el Barça) ha quedado un poco con cara de tonto. Pero “esa es otra historia y merece ser contada en otra ocasión”.

Rosell ha visto como (su amigo) Florentino se hacía con los servicios de dos centrocampistas jóvenes, españoles, de calidad y de futuro, justo de lo que lleva presumiendo el Barça estos últimos años de (perdón, Mou) hegemonía en juego y títulos, pero no se ha inmutado. La llegada de Isco e Illarramendi al Real Madrid solventa, en principio, las lagunas en la zona ancha madridista, y contrasta con la reciente pérdida de la última joya de la cantera blaugrana y mejor jugador del Europeo sub 21, Thiago Alcántara, que se marcha al Bayern de Pep, su mentor y padre futbolístico. La sensación es que la junta directiva ha aceptado de buen grado la oferta de los alemanes, que ha ascendido a unos 25 millones, y no ha puesto demasiadas trabas a la salida de Mazinho Jr. Tampoco Tito ha querido/sabido convencer al joven crack, ávido de minutos de calidad en año de Mundial, y sí lo ha hecho Pep, quizá dibujando la formación del actual campeón de Europa sobre una servilleta o explicándola por teléfono al mayor de los hermanos Alcántara. La presencia de Tito sigue siendo más conceptual que física en este Barça, veremos si la fórmula sigue funcionando un año más.

La impaciencia táctica

Guardiola, si pudiera, jugaría con 6 o 7 centrocampistas, así que Thiago cree que en Múnich disfrutará de más oportunidades de las que ha tenido en Barcelona, donde el 4-3-3 de Vilanova le dejaba en ocasiones en tierra de nadie. No podía hacer de Busquets, demasiada responsabilidad en esa zona del campo donde cada pase es crucial, pero tampoco interpretar el rol de Iniesta escorado en banda izquierda, puro desequilibrio, ni emular a Fábregas, todocampista con llegada, falso 9, complemento ideal de Messi. Su lugar era más bien el de Xavi; bajar a recibir y distribuir juego, dejarse ver entre líneas, repartir con uno o dos toques, mover el equipo.

Pero Tito, con los datos en la mano, ha confiado en el de Terrassa en todos los partidos relevantes del año, y Thiago, a sus 22 años, se ha cansado de esperar. Su decisión es muy respetable, el tiempo dirá si además es acertada. Se trata de una pérdida considerable desde el punto de vista técnico, aunque no debería ser dramática o decisiva en una plantilla cuyo punto fuerte durante este último ciclo triunfal ha sido el centro del campo y habida cuenta de jóvenes como Sergi Roberto que llaman a la puerta del primer equipo. Sin embargo, la verdadera noticia es que Thiago haya decidido, por voluntad propia, abandonar el club de su vida en busca de un protagonismo que, con los números en la mano, difícilmente será superior a final de la próxima temporada. ¿Jugará muchos más minutos que en el Barça? ¿Ganará más títulos que en su ya ex equipo? ¿Estará rodeado de mejores jugadores para asociarse y desplegar su juego?

Supongo que son preguntas casi retóricas que el propio Thiago habrá valorado detenidamente, aunque quizá no se ha detenido a pensar que ha dejado de formar parte del grupo de “intocables“; sí, esos muy buenos jugadores que además son conscientes de que su éxito personal está directamente relacionado con el equipo al que pertenecen.  Son campeones del mundo, de varias ligas y Champions, jugadores irrepetibles como Puyol, Casillas, Iniesta, Messi o Xavi, futbolistas inteligentes y eternos que han pasado por momentos delicados (véase Iniesta en los años de Rijkaard o Casillas en los últimos meses de la era Mou) y han vivido épocas mejores y peores en sus clubes, momentos titubeantes en su carrera, sin abandonar nunca el barco.

Thiago es un jugador exquisito, estéticamente sobresaliente, un crack en potencia, un soberbio futbolista que desafortunadamente no formará parte de este selecto grupo, y es una pena. Para él.

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