Hay Liga

por @alejandromendo

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En la segunda mitad de los años 90 y coincidiendo con la llegada (con el tiempo, objetivamente masiva) de extranjeros a España, nuestra Liga adquirió la dimensión internacional que su historia merecía, superando a la Serie A italiana, que hasta entonces había sido la competición de referencia en Europa, habida cuenta del Milan de Van Basten, Rijkaard, Gullit y compañía. El fútbol, como la economía y la vida, nos cuentan, va por ciclos, y el nuestro empezaba con “La Liga de las Estrellas“. Así bautizaron a un campeonato que presenció el histórico doblete del Atlético de Kiko y Pantic en la 96/97, que disfrutó de un año del mejor y más explosivo Ronaldo en la 97/98 a las órdenes de Robson, que vivió los mejores años de un Raúl efectivo y voraz, goleador incansable domingo tras domingo, que admiró los zurdazos de un Rivaldo que el Barça “birló” al Depor sobre la bocina, un Depor que fue más SuperDepor que nunca en la 99/00, merecido campeón guiado por el mágico Djalminha y con Makaay “enchufando” cada balón que tocaba, un campeonato abierto y peleado en el que Valencia, Mallorca, Real Sociedad o Athletic vendían muy cara la piel ante los grandes, que parecían menos grandes que hoy día.

A principios del nuevo siglo, el nivel de nuestra Liga tocó techo, especialmente a nivel europeo. El rocoso y fiable Valencia de Benítez se proclamó campeón de Liga en dos ocasiones y rozó la hazaña en otras tantas finales consecutivas de Champions que perdió ante Real Madrid y Bayern, presumiendo de estrellas de la talla de Ayala, el mejor Rubén Baraja, Vicente o Pablo Aimar, jugadores por los que suspiraban los grandes.  El Real, por su parte, alzó la octava (2000) y la novena (2002) y armó el Madrid de los Galácticos, aportando nuevos cromos de impacto mundial a nuestra Liga como Zidane, Beckham, Ronaldo, Owen o Luis Figo, que Florentino logró arrebatar a Gaspart en la operación más relevante de la historia reciente de nuestro campeonato. El Barça de Laporta se sobrepuso y volvió por sus fueros: Ronaldinho, Deco y Eto’o lideraron un equipo que conquistó dos Ligas y una Champions (2006) con Rijkaard al mando, en una edición en la que el Villareal de Pellegrini y Riquelme se quedaría a un paso de la final. Y no nos olvidemos del Sevilla de Alves, Kanouté y compañía, campeón de varios títulos nacionales y europeos y “mejor club del mundo” durante varios meses, como se encargaba de recordarnos sistemáticamente Del Nido. En definitiva, estos años de bonanza económica y salud deportiva en Europa nos valieron el calificativo de “La Mejor Liga del Mundo“.

En los últimos tiempos, a nuestra Liga le han añadido la coletilla de “Liga BBVA”, la segunda división ahora es la “Liga Adelante” y la Copa dentro de poco pasará a llamarse “Copa Mercadona”. Marketing y bromas a parte, los derechos televisivos y otras causas derivadas de la crisis económica han puesto de relieve las diferencias entre grandes y pequeños, más evidentes que nunca en las últimas temporadas. Hoy día parece (y es) impensable que ningún club rompa la hegemonía dual de Barça y Madrid, cuyo crecimiento parece aplastar inexorablemente al pelotón, equipos convertidos a la fuerza en vendedores. El Sevilla ganador se descompuso vendiendo a Ramos, Baptista o Reyes al Madrid y Alves, Keita o Adriano al Barça; el mejor Valencia ha ido vendiendo año a año sus piezas clave, Silva y Mata a la Premier, Villa al Barça de Pep o más recientemente, Soldado a la Premier; el Atlético ha ido cambiando de “nueve” desde la venta de Torres al Liverpool, pasando por Forlán, el Kun, Falcao y ahora Villa, incapaz de reforzarse por completo en otras posiciones y apelando al órden táctico de Simeone, que le ha valido para ser la alternativa más cercana a los colosos, aunque ello siga suponiendo una sensible distancia en Liga. Otro ejemplo reciente de club desmantelado es el Málaga, obligado a desprenderse de Cazorla, Isco o Joaquín, y a empezar de cero otra vez. La Liga de ahora ha sido definida peyorativamente como “Liga Escocesa” o “Liga Bipolar” y aunque llevamos un par de años escuchando la preocupación de dirigentes o aficionados, se antoja muy difícil que los transatlánticos que son Madrid y Barça aflojen y las fuerzas se igualen. Es más, la histórica rivalidad deportiva y agonística que protagonizan Messi y Cristiano, unido a las incorporaciones de los cracks del futuro Neymar y (cuestión de días) Bale garantizan que la maquinaria no se va a detener, al contrario.

Pero vuelve la Liga; la que tenemos, la que estábamos esperando. Y toca disfrutar. ¡Que ruede el esférico!

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