Casillas y la Independencia

por Carlos Tabernero

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Se ha abierto el debate. Y como cada vez que se toca a un ‘peso pesado’ del vestuario del Madrid, va para largo. Hasta ahora, no he escrito nada nuevo. Como tampoco lo es decir que en el ‘Diego vs. Iker’ hay dos posiciones encontradas sin tercera vía de escape porque portero, como en ‘Los inmortales’, solo puede quedar uno.

Lo que sí puede ser nuevo es dar otra perspectiva a la contienda dialéctica que parece haber dividido irremediablemente a la afición madridista. Porque la reducción al absurdo a la que se ha llevado el debate, calificando a los defensores de Diego como ‘mouriñistas’ y a los de Casillas como ‘piperos’, es una visión demasiado simple de lo que está ocurriendo. Para empezar, por tratar este caso como una extensión de la estúpida división creada conscientemente por José Mourinho a lo largo de sus años de periplo en el club blanco, división apoyada y sobredimensionada por la prensa. Ni todos los considerados ‘mouriñistas’ defienden a Diego López ni todos los detractores del técnico portugués son partidarios de Casillas. Por ello es necesario enfocar desde otro ángulo la actual situación de la portería merengue.

Y quizá una dimensión que no se ha tocado hasta ahora es la histórica. Aquello de la memoria que a veces tanto falta. Se ha instalado en el imaginario colectivo del aficionado al fútbol que Casillas es intocable desde que se enfundó la elástica blanca por primera vez y que Mourinho primero y ahora Ancelotti han venido a trastocar el orden lógico y natural. Pero esa no es la verdad. Desde el 25 de noviembre de 1997, cuando el joven Iker fue sacado del instituto con apenas 16 años para viajar a Noruega por la falta de un portero suplente para Illgner en la Champions, el de Móstoles ha vivido diversas situaciones según el entrenador que ocupara el banquillo merengue. Aunque a todos estos técnicos se les puede dividir en dos grupos: los dependientes y los independientes.

Los primeros son aquellos que, por falta de currículum al llegar al Real Madrid y, por tanto, de la fuerza suficiente como para imponer sus decisiones deportivas, pulsaban la opinión de directiva, afición y, principalmente, de prensa y plantilla para no tocar lo que podría poner su puesto en peligro. Es decir, mantener a los ‘pesos pesados’ en el once, pasara lo que pasara. La mayoría pertenecen a la época de la famosa ‘autogestión’, aquellos inexplicables años en los que una plantilla con Zidane, Beckham, Figo, Raúl, el propio Casillas, Ronaldo o Roberto Carlos, fue incapaz de ganar nada porque los que decidían la alineación eran los propios jugadores. Nombres como Queiroz, García Remón, López Caro o Luxemburgo pertenecen a este grupo. También se incluyen Schuster, Juande Ramos y Pellegrini, en contextos diferentes a los de todos los anteriores, pero con la misma limitada capacidad de decisión.

Luego están los independientes. Los campeones de Europa. Del Bosque, Capello, Mourinho y Ancelotti. Es curioso que entrenadores tan diferentes en su forma de entender el fútbol y la vida tengan una cosa en común. Todos sentaron (o quisieron sentar) a Iker Casillas. El primero puso a César, el segundo quiso traer a Buffón (que no accediesen a su petición fue una de las razones de su marcha), el tercero incluso llegó a alinear a Adán y el cuarto parece que se ha decantado por Diego López.

¿Quiere esto decir que Casillas debe ser suplente? No ‘per se’. Porque todas esas decisiones supusieron un punto de inflexión en el momento de forma del mostoleño, habituado en otras etapas a una excesiva relajación, especialmente en los entrenamientos. De hecho, cuando recuperó la titularidad con Del Bosque, así como cuando vio las orejas al lobo con Capello, vivió a renglón seguido sus dos mejores temporadas a nivel estadístico y deportivo, trofeo Zamora incluido. Salió reafirmado. Hasta el punto de que, recordando lo escrito anteriormente, parece que nunca existieron las dudas y suplencias anteriores y que Casillas siempre fue el portero blanco.

Pero sí quiere decir que la independencia de un entrenador en un club como el Real Madrid es vital. Eso sí, siempre y cuando sus decisiones se basen en argumentos deportivos y no en venganzas personales como la que se cobró Mourinho la pasada temporada. No es éste el caso de Ancelotti y por eso se debe dejar decidir al italiano, porque tanto su trayectoria como la propia historia merengue le avalan. Su portero es Diego López. Y mientras el gallego no baje su actual y excelente forma, Casillas debería acabar con el debate que divide al madridismo, entrenar duro y esperar, en vez de activar los mecanismos de presión contra el técnico a través de sus amigos de la prensa. Vistas las experiencias pasadas, no le irá nada mal. Ni a él ni al Real Madrid.

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