#Cholismo

por @alejandromendo

Seguro que lo recordáis perfectamente: volver a casa después del colegio con alguna magulladura, herida en las rodillas, pantalón descosido o nota del profesor que había de ser firmada por los padres. Comportamientos rebeldes, actitudes temerarias o ideas disparatadas que no dudábamos en justificar con aquello de “es que [nombre del amigo de turno] me dijo…”. En casa la respuesta no se hacía esperar: “ah, y si [nombre del amigo de turno] se tira por un puente, ¿tú vas detrás?”. Llegados a aquel punto solíamos callar aunque por dentro pensásemos que sí, que probablemente nos tiraríamos sin dudarlo.

Lo mismo ocurre con el #Cholismo: 11 jugadores con fe ciega en su entrenador, 11 individuos plenamente convencidos de una idea de juego colectiva quizá no demasiado sofisticada pero muy clara y eficaz, 11 piezas defendiendo a muerte una filosofía en la que la suma de las partes prevalece sobre el todo, 11 gladiadores incansables a quienes el valor, como en la mili, se les presupone. Y si tenemos en cuenta que el jugador de fútbol es inevitablemente un personaje egoísta que, salvo honrosas excepciones, bien hubiera hecho en dedicarse al tenis o al golf, la obra del Cholo, con el sacrificio, la intensidad y la solidaridad grupal como pilares, adquiere aún más valor.

En los últimos meses hemos ido descubriendo el libretto de Simeone, que incluye una serie de dogmas que evocan una sana inspiración en otros entrenadores carismáticos y ganadores. Con permiso del Cholo:

  • De Guardiola reproduce la defensa a ultranza y el elogio constante a los suyos, especialmente tras los partidos más flojos, así como la obsesión por ensalzar las virtudes del oponente y una cierta falsa humildad prefabricada en rueda de prensa. Si bien somos conscientes de que forma parte de un guión, el “partido a partido” y el tema de los presupuestos empiezan a restarle credibilidad. Parafraseando a Pep, el cinturón acaba apretando, se trata de la lógica erosión del banquillo de un grande y el Cholo lo sabe.
  • De Mourinho, entrenador por el que siente especial devoción y respeto, ha heredado (y quizá mejorado) esa indiscutible capacidad del portugués de acaparar las críticas, aislar a sus pupilos de cualquier polémica, asumir cualquier responsabilidad y sacar el máximo rendimiento de los efectivos que conforman sus plantillas.

Simeone es el capitán del barco y así lo sienten sus futbolistas, es el verdadero líder y artífice de las recientes gestas deportivas del Atlético. Pocas veces ha existido en el mundo del fútbol una comunión entre entrenador y afición como la que se vive ahora en el Manzanares (habrá que esperar a que se tuerzan las cosas, si se tuercen, para juzgar mejor esta apreciación), un club que ha recuperado el orgullo y la sonrisa que la mala planificación deportiva y económica se habían llevado. A diferencia de lo que ocurría en tiempos de Guardiola o Mourinho, no se intuye grieta alguna en el universo atlético, donde el consenso alrededor de Simeone es tan insólito como evidente.

Esta ausencia de detractores es una inmejorable noticia para los rojiblancos, que reman en una misma dirección mientras coleccionan títulos nacionales y europeos a velocidad de crucero. Cada éxito deportivo se personifica en el Cholo porque el aficionado, atlético o no, identifica en el técnico ese valor añadido gracias al cual una plantilla notable es capaz de colmar el gap existente respecto a los titanes del fútbol europeo como son Bayern, Chelsea, Barça o Real Madrid. Y el Cholo, excelente comunicador, se encarga de que nadie se olvide del inmenso valor de la competitividad colchonera.

Supercampeones
Simeone ha sido una bendición para el Atlético; desde su llegada al club se ha erradicado el pesimismo que acompaña históricamente a la institución, que ahora levanta copas con naturalidad impensable hace no tanto tiempo. Gran prueba del cambio de mentalidad atlética es la merecida victoria en la Supercopa de España ante los blancos, en cuya previa no se habló de revancha después del drama mayúsculo de Lisboa sino de un título más, una eliminatoria, un duelo, 180 minutos de fútbol. Simeone supo ser paciente en la ida y ordenó a los suyos salir al abordaje en los primeros minutos de la vuelta, donde pasó por encima del Madrid neogaláctico de Ancelotti física y futbolísticamente como ya hiciera la temporada pasada en Champions ante el Barça del Tata. Fueron 15 o 20 minutos casi idénticos de encomiable derroche físico, presión asfixiante, empuje y garra. Todo muy Made in Cholo.
Así, tras la enésima batalla librada anoche en el Calderón, las novias y mujeres de los Koke, Raúl García, Gabi o Tiago volverían a verles entrar en casa renqueantes, llenos de heridas de guerra, acalambrados pero felices, con esa inconfundible sonrisa ganadora y con la satisfacción de quien dejó el alma sobre el césped. Ellas les preguntarían de dónde vienes y qué pasaría si ese tal Cholo te mandase tirarse por un puente, y ellos, sin apenas fuerzas para responder, callarían convencidos y responderían sin responder un sí rotundo.
Después de todo, el #Cholismo es una cuestión de fe.
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