Revolu, ¿qué?

por @alejandromendo

Si bien el concepto de “revolución” planea sobre el vestuario del Barça desde hace dos o tres temporadas, el devenir de la pasada campaña pareció establecer las condiciones idóneas para esa, en palabras de Zubizarreta o de cualquier director deportivo, profunda renovación de plantilla que nos prometieron. Un eufemismo del que se valió el propio Zubi allá por el mes de mayo para curarse en salud en caso de no lograr concretar los fichajes necesarios y  sobre todo las salidas que requería una plantilla que se cansó de ganar (bendito cansancio). Un verano más no se hicieron los deberes, no del todo. De poco sirve que nos recuerden el número de fichajes si al final terminan jugando más o menos los mismos.

La prioridad número uno era -y es, visto lo visto- reforzar el eje de la defensa, pero no llegaron Thiago Silva, ni Hummels, ni Benatia, ni David Luiz, ni siquiera Marquinhos. Llegó Mathieu, protagonista de un arranque de temporada positivo, pero en el primer partido de verdad fue utilizado como lateral, donde sus carencias técnicas afloraron con cada balón que Messi servía al espacio. La pareja central la formaron los del año pasado y el anterior: un preocupante y enredado Piqué y un abrumado pero siempre salvador Mascherano, a quien prometieron (a él también) minutos e importancia como mediocentro defensivo, renovación de contrato mediante. También llegó Vermaelen, del que hemos visto más imágenes intentando acceder al parking del Camp Nou que vestido de corto. Sabemos que se parece a Jude Law y poco más. Así las cosas, la solidez defensiva culé hasta la noche de ayer ha sido una noticia tan grata como sorprendente para quienes hemos seguido los partidos de un Barça que concedía ocasiones sin encajar. Hay que reconocer que Luis Enrique recuperó la mejor versión de Jordi Alba, que se entiende a la perfección con Iniesta en banda izquierda, pero tras un notable inicio de temporada decidió sentarle en el banquillo en el clásico. Lucho, ¿no habíamos quedado en que uno de tus dogmas era la proyección ofensiva de los laterales?

El centro del campo fue -me duele escribirlo en pasado, sí- el secreto a voces del mejor Barça, la perfecta y envidiada sala de máquinas desde donde orquestar un fútbol inolvidable y efectivo que no volverá. Una línea para dominar y someter al rival, defenderse con balón y presionar con inteligencia tras pérdida. Ayer el técnico asturiano no emuló a Guardiola, Vilanova o Martino, quienes acostumbraban a poblar la zona ancha en los enfrentamientos contra el Real Madrid proponiendo un equilibrado 4-4-2, sino que apostó por mantener tres centrocampistas. Ancelotti, en cambio, pareció encantado de blindar la medular blanca con el sobresaliente Isco en lugar del convenientemente lesionado Bale. La cruda realidad es que a día de hoy Modric-Kroos-Isco-James superan en calidad y cantidad al centro del campo barcelonista, cuyos intérpretes, al menos los titulares del Bernabéu, parecen haber tocado techo deportivo. Pero volvamos a la propuesta de Luis Enrique. El día siguiente a una derrota es fácil opinar sobre si se equivocó o no, yo me limitaré a decir que estoy de acuerdo con su elección de tres mediocampistas, pero me hubiera gustado que aplicase esa coherencia ideológica y táctica en todo el XI titular. El polivalente rubio croata fuera, el profe Hernández dentro. Lucho, ¿no habíamos quedado en que tu centro del campo innegociable eran Busi-Rakitic-Iniesta?

Si hace unos meses nos dicen que el Barça desconectado y sombrío del Tata perdería en casa del actual campeón de Europa de los Galácticos 2.0 de Floren nadie se hubiera rasgado las vestiduras, por lo que no soy partidario de dramatizar. Son tres puntos más, pero no son tres puntos más. Mi verdadera decepción en la noche de ayer fue comprobar cómo la revolución que nos han tratado de vender no se ha aplicado ni en el plano deportivo ni en el anímico. Es decir, el XI titular fue sospechosamente igual al de la temporada pasada (Bravo, Mathieu, Suárez las novedades), una mezcla de “estas son algunas de mis nuevas ideas” y “pero pongo a los veteranos”.

Eché de menos coherencia, más allá del resultado, y eché de menos esa intención de manejar varios registros y ser, y de nuevo cito a Luis Enrique, “imprevisibles para el equipo contrario”. No se jugó con alegría ni inteligencia ni osadía, se hizo gala de excesiva prudencia y, con un gol a favor en los primeros minutos del choque, se fue tan previsible como se ha sido en este último par de temporadas, con graves pérdidas en el centro del campo que dan vida a los atletas de Carletto y a cualquier equipo con pólvora arriba.

La buena noticia es que estamos solo en octubre.

Como me dijo hace poco un gran amigo: “intento ser un poco coherente. No coherente del todo, eso es imposible, pero sí un poco coherente”. Lucho, inténtalo tú también, tienes los mimbres necesarios, ve adelante con tu idea sin ataques de entrenador o revisionismo. Haznos ver la revolución que tan bien nos explicas en rueda de prensa.

[imagen de @FCBarcelona_es]

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