Cero a Cero

por @alejandromendo

Como los diamantes, un 0-0 es para siempre.

Resultado vacío y cruel, inesperado desenlace, desilusión sincera, a mí que me devuelvan el dinero, si lo sé no vengo, empate a nada. En el Barça, por suerte, el 0-0 ha sido una especie de animal mitológico en estos últimos años, pero parece haber vuelto para quedarse cual aguafiestas deportivo que se presenta sin regalo ni invitación. Y cada 0-0 te marca, lo quieras o no; te obliga a revisar principios y valores que creías innegociables antes de su inoportuna y molesta irrupción. Si bien hace un tiempo no muy lejano —o quizá sí lo es, empecemos a madurar de una vez— los culés no concebíamos un chaparrón que no fuese de goles, el de ayer por la tarde en Getafe fue metereológico a secas, una tormenta de nada, nubarrones conceptuales, una lluvia torrencial de confusión, “hace una tarde de Pedros”, con perdón.

El fantasma del 0-0 había planeado sobre Mestalla hace un par de jornadas en otro choque de memorable batiburrillo táctico y sólo un centro que parecía más bien un caramelo dibujado por Messi en el descuento evitó lo inevitable, lo que ya sucedió en Málaga y se repitió anoche en el Coliseum. Si el propio Leo no estrella ayer contra la madera (por octava vez en lo que llevamos de Liga) una falta teledirigida se hablaría de superioridad azulgrana y de una justa victoria, es decir, seguiríamos cegándonos por un resultadismo que desde hace tiempo no puede y no debe tapar las carencias de este equipo. El mismo Luis Enrique, que alterna momentos de lucidez con sonrojante nerviosismo en rueda de prensa, nos dio la clave esta semana cuando afirmó, inquieto, que “si tengo que pedir perdón por el hecho de que los de arriba estén enchufados, apaga y vámonos”. No tienes que pedir perdón, Lucho, pero con el demoledor tridente ofensivo que te ha llovido del cielo y te salva la papeleta cada domingo, es preocupante esta proyección de ceroaceros que, intuyo, nos acompañarán a lo largo de la Liga. Es más, me mojo, yo apuesto por no menos de 6.

Suena a tópico futbolístico, lo sé, pero una idea de juego constante y coherente, una propuesta clara y bien definida o, y no creo pedir la luna, un equipo reconocible sobre el césped pueden ser argumentos que suavicen tropiezos como el de anoche, que justifiquen en parte una mala tarde, la pelotita no quiere entrar, no hay rival pequeño y otras muletillas que Zubi y compañía se encargarían de vendernos puntualmente. Pero así, no. Dicho con otras palabras, cuando sólo existe el resultado, no queda nada sin el resultado. Esta Liga no se va a ganar, y veremos qué nos depara mañana el sorteo de Champions, donde no se conquista gran cosa con ceroaceros.

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imagen via @2010MisterChip

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