“Hoy no se puede fallar, Chavales”

por @alejandromendo

Qué difícil se nos hace, a los latinos practicantes, utilizar la semana como unidad de medida temporal. No se trata sólo de una cuestión de vivir al día, en el sentido más sensorial y carpe diem del dogma; nos afecta más bien una extraña incapacidad de organizar el tiempo —aunque todos dispongamos del mismo, cada uno decidimos de forma aparentemente autónoma qué es lo importante, qué cuenta de verdad, algo que en inglés se recoge muy gráficamente en la expresión “at the end of the day”— en paquetes semanales. Los latinos practicantes y futboleros, por tanto, no dudamos en valernos de pequeños trucos o atajos organizativos e introducimos conceptos como “jornada”, “Eurocopa”, “eliminatoria” o “temporada” en ese inmenso (y figurado, hasta donde yo sé) archivo Excel donde se detalla la cronología de nuestra vida y obra.

Lo que quiero decir es que, gracias a estos infravalorados mecanismos, cuando en una hipotética conversación de barra de bar nos preguntan qué estábamos haciendo el 6 de mayo de 2009, en lugar de fruncir irremediablemente el ceño o pasar palabra y pedir otra ronda, respondemos con amplia sonrisa y precisión suiza que “¿el día del Iniestazo en Stamford Bridge, dices? Claro. Estudié, o más bien intenté hacerlo, por el día, después vi y sufrí el partido en un bar cerca de casa, ha cambiado de gestión varias veces, a todo esto. Terminé las reservas de uñas, que mordí nerviosamente durante todo el choque, agoté el optimismo, recibí un mensaje (porque no existía Whatsapp, ya sabes) de un simpático amigo madridista que paragonaba a Essien con Zidane tras su insólito gol desde fuera del área. Preparé mentalmente una respuesta ingeniosa y medianamente deportiva al malicioso (pero objetivamente divertido e inteligente) sms en caso de derrota, que vi cada vez más irremediable. Saludé mecánicamente a mi padre, que se incorporó para los minutos finales del partido, esperé que fuese un talismán y grité como pocas veces en mi vida cuando Andresito, poco prolífico en goles (aún no habíamos ganado el Mundial, claro está) o acaso tiros a portería, limpió las telarañas del marco de Cech, que por entonces ni llevaba casco, ni era un hilarante twittero, ni suplente de Courtois”.

La exhaustiva respuesta deja a nuestra audiencia ojiplática y funciona como una especie de implícito “me alegra que me haga usted esa pregunta” en las entrevistas de trabajo. Touché.

Reválida en tierras vascas

Han pasado cinco desde lo de Anoeta. Semanas, digo. El Barça, que comenzó con mal pie y peor cuerpo este 2015 que poco a poco nos vamos acostumbrando a citar cuando hemos de escribir una fecha, rodó en la cinéfila San Sebastián una película de terror titulada “El Día Que Rotamos Peligrosamente”. Los de Lucho tienen hoy la oportunidad, curiosamente en el País Vasco, de redimir los pecados de aquella aciaga noche; y es que el fútbol es mucho más justo de lo que nos gusta pensar, infinitamente más noble de lo que leemos en los diarios y exactamente igual de emocionante como lo percibimos los aficionados. Sólo de estas últimas, las sensaciones, hemos de fiarnos, si es que necesitáramos algún tipo de clavo ardiendo (que lo necesitamos, futboleros o no, casi siempre). Pero no sólo de sensaciones vive el hombre, por lo que se antoja necesario cerrar con victoria en el nuevo San Mamés este mes y pico de extraordinario momentum que los culés han alcanzado, dejando en la cuneta a atléticos y madridistas en esa extraña competición que es la Copa del Rey —o chupito, pero ahora no es momento de hablar de perspectivas o de cómo la risa va por barrios—.

Parafraseando al actual Balón de Oro, ganar hoy supondría perdonar y hasta archivar el “acto irreflexivo” de Luis Enrique, cuya inconsciente alineación en Anoeta dejó en el banco a los sonrientes, goleadores, cómplices, grandes amigos y cracks innegociables Neymar y Messi. 

Como nos ocurre con el eterno debate entre la gallina y el huevo, nunca sabremos a ciencia cierta si Luis Enrique ha dado con la tecla porque se dejó de experimentos o se dejó de experimentos porque ha dado con la tecla. Tanto vale. El caso es que el técnico ha encontrado ese cacareado XI de gala que reclaman y en ocasiones aun exigen los medios, y con él se ganó al Atlético en Liga, se le eliminó en Copa (con el rubio alemán de portero) con relativa soltura y se encadenaron victorias solventes ante Deportivo, Elche y Villareal. Gastroenteritis, elecciones e instagram nos resultan ya temas oxidados y pretéritos del entorno culè, consumistas de la información y latinos devoradores de sensaciones como somos (ver el primer párrafo). Así las cosas, el partido más importante de la temporada, y no estoy de broma ni escribo estas líneas tras haber tomado un café con el Cholo, es el de esta noche ante el Athletic.

Como en San Sebastián, el Barça saltará al verde tras un pinchazo del Real Madrid, y a diferencia de la noche de autos en Anoeta, lo hará después de una mayor distancia temporal y tras una previsible reflexión de jugadores y técnicos —pero también de aficionados, que no soportaremos/toleraremos/entenderemos falta de actitud en un momento tan crucial, hoy no—. Si este equipo quiere volver a ganar y mandar (y qué difícil es llegar, pero lo es mucho más mantenerse, algo así venía a decir el entrañable Luis Aragonés, y algo así repite a menudo el menos entrañable pero inteligente como pocos Johan Cruyff) ha de dar un golpe sobre la mesa en la nueva Catedral y ponerse a un punto de los blancos, cuya cuesta de enero ha supuesto un Tourmalet que deja tocados y heridos por el camino, más en el plano físico que en el numérico, por eso es capital sumar tres esta noche.

De poco habrá servido encontrar una alineación que los niños reciten de memoria en el recreo (¡y arriba Suárez, Neymar, Messi!) o el capote que tendió ayer mismo el Atlético al imponerse por un orgulloso e histórico 4-0 a los de Ancelotti si toda esta energía positiva y sonrisas Colgate del tridente ofensivo no se traducen hoy en victoria.

Termino. Exijo que “Hoy no se puede fallar, Chavales” sea la frase más repetida en el vestuario azulgrana en ese momento de liturgia futbolística en que se estiran medias, se ajustan tobilleras, se atan cordones, se reza en voz alta y sobre todo en silencio, se piensa, se siente.

Posdata: el sms del que hablo en el segundo párrafo me lo envió mi amigo Manu y rezaba un escueto pero efectivo “El Zidane negro”. Como dije arriba, pasé buena parte del partido elaborando mentalmente borradores deportivos e igualmente ingeniosos para replicar. El gol de Iniesta me lo puso muy fácil por lo que, acabado el partido y tras brindar y cerrar el puño durante varios minutos, le contesté por fin: “El Zidane blanco”. 

Anuncios

Un pensamiento en ““Hoy no se puede fallar, Chavales”

  1. jajajaja
    hoy no se puede fallar, chavales!!
    Me encuentro en el pequeño círculo que estaba a tu lado viendo aquel agónico partido a tu lado, fue un día inolvidable, aunque no recordaba la fecha!!
    Y esa memoria futbolística que tenéis algunos de recordar pases increibles, jugadas eternas y otros sucesos que ocurren en los partidos da para hablar largo y tendido en algún que otro post, ahí lo dejo!!
    Me encanta como escribes, lo sabes!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s