El Fúpbol de Xavi

por @alejandromendo

Domingo por la tarde, uno cualquiera. Ha anochecido hace ya rato, sin avisar. Te acercas al radiador, sacas las manos del bolsillo canguro de la sudadera y consultas mecánicamente el móvil, deslizando el perezoso índice de izquierda a derecha. La bandeja de entrada está tan desierta como las calles de tu barrio, “la gente se va recogiendo ya antes“, te sorprendes pensando. Ningún aviso de whatsapp, ni siquiera en el grupo familia, por lo que sopesas pedir un deseo. Pero lo dejas para mayo o junio, cuando se deciden los títulos. Titubeas. Abres la aplicación de Livescore, que un día decidió —también sin avisar, como anochece en invierno— llamarse Forza Football, y el panorama es desolador; los grandes han jugado y ganado sin sufrir el día anterior, en sábado para llegar descansados al partido de Champions.

Así las cosas, el menú dominical te ofrece un vibrante Almería-Getafe en España o un efervescente Udinese-Palermo en Italia. De la Premier ni hablamos, esos juegan a mediodía y has ido a comer a casa de unos amigos (sacrificando ese Inter-Genoa de las 3 de la tarde que tan buena pinta tenía, para un día que Mancini pone a Shaqiri titular). Contrariado pero fiel a tus principios futbolísticos —que rara vez te atreves a traicionar, a diferencia de otros principios más, cómo decir, traicionables—  te niegas a deslizar tu dedo, esta vez pulgar, hasta la Ligue 1 francesa y cierras la aplicación; carpetazo emocional.

Es ahí, en ese preciso e íntimo instante de soledad invernal cuando te preguntas, y se te escapa hacerlo en voz alta: “pero y digo yo, ¿algún futbolista estará viendo esto?” Te viene entonces a la mente uno en cuestión de décimas de segundo, lo que él tardaría en encontrar un compañero desmarcado.

Xavi.

Y es que Xavi se ha declarado, en numerosas entrevistas y sin rubor alguno, un loco del fúpbol, como él pronuncia con inconfundible deje catalán. El de Terrassa es un loco muy cuerdo, claro está, posiblemente el más inteligente que ha vestido la camiseta azulgrana, y esto es mucho decir. Un jugador irrepetible, un centrocampista eterno que por constancia bien podría ser alemán, por precisión suizo, por elegancia francés, por nobleza inglés, por talento brasileño, por astucia italiano, por suerte español. Un loco muy cuerdo, un enfermo muy sano, un enamorado del balón. No es difícil, por tanto, imaginarle dando lecciones sentado en el sofá de casa, gesticulando delante de un Celta-Málaga en la tele, su mujer y sus amigos resignados y a la vez fascinados por la pasión por un deporte que él ha logrado cambiar.

El fúpbol no era así como Xavi nos lo deja hoy en 2015 cuando debutó allá por 1998.

Xavi es un arquitecto de sueños, y lo es en gran parte porque un día entendió que su potencial innato para la construcción (de juego) no podía limitarse a esa excesiva horizontalidad que muchos criticamos en épocas más oscuras del Barça y del propio Xavi. No era un jugador determinante, las cosas como son y él lo sabe, sólo un digno funcionario con excelente trato de balón; había que dar un paso al frente, se dijo. No se cambió el look como habrían hecho Beckham o Fernando Torres, su peinado es tan innegociable como el gusto por el toque y tan reconocible como ese giro de ballet tan suyo que ha vuelto locos a Schweinsteigers, Diarras, Gattusos y Gerrards sin distinción alguna.

Como la canción de Los Planetas, Un Buen Día decidió que el título de mero aparejador del fúpbol le quedaba pequeño y Hernández, como hicimos muchos universitarios del siglo XXI, optó por especializarse y sacarse el Máster de la zona ancha. Temporada arriba, temporada abajo, el punto de inflexión coincidió con la época de Rijkaard en el Barça y de Aragonés (“o qué pensabas, que el hijo puta del viejo ya no iba a llamarte“, le dijo a Xavi el Sabio) en la selección española. Luis y Frank —el primero temperamental y castizo, el segundo paternal y tranquilo— fueron capaces de obtener, como sólo saben hacer los profesores de verdad, lo mejor de su aventajado pupilo, y lo hicieron reforzando la autoestima de un enfermo del fúpbol que observaba con desazón el auge del doble pivote, la desaparición gradual del juego de posesión o la eclosión de ciertos dogmas como el de que los partidos se ganan en las dos áreas.

Y el centro del campo qué, se repetía Xavi mientras se ataba, pensativo, los cordones de sus botas Adidas.

La Eurocopa de 2008 fue el escaparate idóneo para que Xavi expusiera con insultante autoridad su Proyecto de Fin de Máster, un business plan impecable que abrió el ciclo más dorado de su trayectoria como futbolista. De la mano de otros locos bajitos —ya lo he dicho, Xavi cambió creencias, filosofía y estilo, Xavi es el estilo— como Iniesta, Silva, Cazorla o Villa, Xavi demostró al mundo durante aquel torneo que la furia era un concepto obsoleto, de hemeroteca y polvo acumulado en las páginas del fúpbol del pasado, y que el presente y sobre todo el futuro de este apasionante deporte pasaba por sus pies y por los de quienes cocinaban a fuego lento las victorias desde el centro del campo. En las últimas temporadas han aflorado metáforas sobre la importancia de la sala de máquinas o las casillas centrales del tablero de ajedrez, entre otras, y hemos escuchado a menudo a tertulianos y leído a periodistas que “este es un juego de centrocampistas“.  Indudablemente, ha sido Xavi quien les ha convencido.

200902039Xavi_dentro

Tras la Eurocopa del gol de Torres (a pase de Xavi) apareció Guardiola, a quien Xavi había tenido que sustituir conceptualmente en el Barça años atrás, con evidente y comprensible dificultad. El tiempo nos dice que el de Terrassa ha superado con creces al de Santpedor en el campo, y el tiempo nos dirá si también desde el banquillo. Xavi, que por entonces no era el futbolista mandón y determinante post-Eurocopa, hubo de cargar con una losa injusta, el peso de tener que llenar el vacío que dejó el Pep jugador. La vida le ponía delante un reto, acaso una revancha, se encontraba ante sí un Pep con menos pelo pero la misma intensidad, un hermano mayor con quien entenderse con la mirada. No sé decir quién fue más importante para quién durante aquellos (maravillosos) años, el caso es que Pep y Xavi, Xavi y Pep levantaron títulos de forma incansable mientras la hegemonía del modelo Barça brillaba en los ojos de ambos. Guardiola rodeó a Xavi de otros excelsos arquitectos como Busquets, Iniesta o Messi, y el resto es historia.

Casillas-xavi-eurocopa-2012-entreno-efe

En la Selección, donde tuvo que escuchar que no sentía los colores por doblar las medias de una determinada forma, su rendimiento ha sido altísimo, de sobresaliente. Junto a sus amigos Casillas y Puyol compuso la exitosa columna vertebral de la mejor España de siempre, la de Eurocopa-Mundial-EurocopaParticipó en la archiconocida charla de capitanes que tanto enervó a Mourinho y tanto bien hizo al vestuario de la selección tras un par de temporadas calentitas entre Barça y Real Madrid. Aragonés con Marcos Senna y Del Bosque con la dupla innegociable Xabi Alonso-Busquets, los técnicos liberaron aún más a Xavi, que con España sometió a selecciones de todo el mundo jugando unos metros por delante respecto al Barça, con idéntico resultado: victorias. 

Xavi nos ha enseñado el arte de marcar el ritmo del partido a su antojo; acelerar o pausar la jugada cuando es necesario cual metrónomo infalible o defender con la pelota sin sufrir gracias a posesiones que anestesiaban a las fieras más bravas del mundo futbolístico. Xavi ha liftado pases con la elegancia de Federer para la incorporación puntual, alocada e incansable de Dani Alves, ha sabido como nadie verticalizar y dársela a Messi “cuando había que dársela a Messi“, o asociarse con su alma gemela en el verde, un Andrés Iniesta al que vemos melancólico últimamente porque sabía lo de Xavi mucho antes de la rueda de prensa. Xavi ha girado sobre sí mismo una y mil veces con la coordinación de Michael Jordan haciendo un reverso para después cambiar la orientación del juego con una facilidad pasmosa que sorprende incluso a quienes vemos todo el campo por televisión.

Xavi firmó el caramelo en forma de centro que Ronaldinho supo dormir con maestría con el pecho y mandar a la red de chilena contra el Villareal; Xavi la puso al espacio para que Torres se comiera en velocidad a Lahm en la Euro 2008 y para que Jordi Alba quitara las pegatinas a toda la defensa italiana en la Euro 2012; Xavi teledirigió el balón hacia la cabeza privilegiada de Messi en la final de Champions de 2009; Xavi sacó la pizarra en el túnel de vestuarios de unas semifinales de un Mundial y le comentó a Del Bosque que “tranquilo, que yo se la pongo tocadita a Puyi, la hacemos en el Barça” para derribar a gigantes alemanes; Xavi se dio el gustazo de batir a su amigo Iker con un pase a la red en el icónico 5-0 al Real Madrid de Mourinho, un partido que Xavi se pondrá en alguna tarde-noche de domingo invernal cuando, dentro de unos años, le apetezca recordar con una sonrisa cómo cambió el fúpbol cuando él quiso.

Recordaremos a Xavi como un genio con ojos en la nuca, ligera mirada a su alrededor antes de recibir el esférico. Un maestro que ha hecho fácil lo más difícil, conseguir que jugar al fúpbol parezca sencillo.

Lo que no va a ser sencillo es mirar el fúpbol sin ti, Xavi.  

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s