Presente, ¿qué es eso?

por @alejandromendo

Qué poco dura el presente. Y eso que cuando empezamos a aprender un idioma que no es el nuestro o cuando ya más creciditos lo enseñamos —por vocación, por curiosidad, para ligar o para sacar unas pelas como se decía antaño, motivaciones infinitas y muy válidas—, una de las primerísimas lecciones que afrontamos es inevitablemente el presente. Yo soy, tú eres, él es, instruimos convencidos a la guiri de turno que se nos acerca en un local; I drive, you drive, he drives, la tercera persona lleva “s”, recordadlo, afirman enérgicas las profesoras de inglés en colegios y academias; io mangio, tu mangi, lui mangia, y así con cada lengua más o menos exótica que nos decidimos a explorar.

Ese fascinante y tranquilizador presente “de indicativo”, como se aventuran a decir los más técnicos, se nos antoja una solidísima base para emprender nuestro camino, ya sea una nueva serie que deseamos ver (¡y entender!) sin subtítulos o un país donde se nos ha metido entre ceja y ceja vivir. El presente es a los tiempos verbales lo que los buenos propósitos al año nuevo; está ahí desde el principio y nos ayuda a sentirnos mejor, pero pronto descubrimos desolados su inutilidad, su fragilidad, su cruel fugacidad.

Qué poco dura el presente, ya digo. Si empezamos a ver la dichosa serie de moda, a mitad del episodio Pilot ya habremos descubierto la ineficacia del dichoso presente de indicativo, que esperábamos utilizar a modo de manguitos para nadar en la inmensidad de una nueva lengua pero que no nos sirve ni para flotar tragando algo de agua en medio de la trama. Y si somos tan valientes de irnos a vivir a ese dichoso país de moda que tanto appeal nos sugería buceando en google, antes de poner pie en tierra, antes de entrar en la terminal y empezar a leer carteles en otro idioma, habremos entendido que con el dichoso presente de indicativo no nos llega ni para comprar una barra de pan en el superTrue Story!

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Como hacía el ceremonioso Héctor Cúper a sus pupilos antes de saltar al terreno de juego, nos inculcan el presente de indicativo propinándonos una violenta palmada en el pecho y ahí nos dejan; apáñatelas, parecen decirnos. Pero, ¿acaso habéis probado a traducir a otro idioma el concepto de apañárselas? Y además, ¿cuántos títulos importantes ganó el tedioso Cúper con ese método militarescoEl presente no basta y encima dura poco, cada vez menos, lo grave es que el cambio nos haya pillado por sorpresa y nos abrume esta urgencia por pasar página —paradójicamente, cada vez se lee menos en papel y la expresión “pasar página” la cambiaremos en un futuro por, qué sé yo, abrir una nueva ventana, cerrar aplicación, algo así—, si lo hemos tenido siempre delante de nuestras narices.

Espejo infalible de la sociedad y precisísimo termómetro emocional de nuestras vidas, el fútbol no escapa ni parece querer escapar de este nuevo paradigma espacio-temporal.

Por citar sólo algunos casos ilustres; recordamos a la exsolución Rafa Benítez no ya como técnico blanco del año pasado (perdonad el chiste fácil típico de estas fechas) sino del siglo pasado, mientras que la neosolución Zidane nos parece ya todo un veterano de los banquillos de primera división, un veterano que puede lograr su primera victoria esta misma tarde ante el Deportivo. Sí, a ese punto hemos llegado. Así las cosas, Guardiola lleva meses desvinculado del Bayern y nadie se sorprendería al verlo sentado en el banquillo citizen ya en el próximo partido, para qué esperar más. Su alter ego Mourinho, que quizá deba aún pasar a recoger sus bártulos de la taquilla de Stamford Bridge, disfruta de sus vacaciones desde hace cosa de un año, nos lo imaginamos aburrido observando las obras en Londres —con las manos atrás, a lo jubilado— o brindando con Ferguson delante de un buen vino escocés.

“Está pasando una cosa muy rara y muy angustiosa. El tiempo está alcanzando al tiempo. El presente ya es pasado; el presente ya es percibido como pasado. Lo que acontece inmediatamente pasa a engrosar las filas de lo ya pasado“. [Javier Marías]

Aunque sobran ejemplos para ilustrar que cada vez más el tiempo alcanza al tiempo, quizá el más significativo sea el de las camisetas de los equipos. Sin ir más lejos, el pasado verano estaba sentado al sol en un banco cuando descubrí, atónito pero no tanto, la camiseta del Barça 2016/17 antes de que el primer equipo hubiera estrenado la (supuestamente) nueva, la de rayas horizontales, la de la 2015/16, vamos.

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Lo dicho, qué poco dura el presente. Hoy día los medios se desviven por filtrar —les encanta este verbo y no otro— la nueva equipación lo antes posible, tan “antes” que hemos llegado a un punto en el que la nueva camiseta deja de ser nueva por definición antes siquiera de estrenarse en partido oficial porque ya tenemos acceso a la próxima, que en realidad tampoco es la próxima, porque la próxima es la nueva que aún no se ha estrenado pero que ya no es nueva. Un lío, lo sé.

Mi único propósito para 2016: disfrutar del presente en esos pocos instantes en los que todavía no es pasado. Os invito a que lo intentéis; es tan difícil que merece la pena.

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