Bien, Mal o Regular

por @alejandromendo

El otro día durante mi pausa pranzo me senté al sol en un banco verde y no especialmente cómodo, lugar y contexto en los que —tras la ducha, que es imbatible como Oblak— mayor lucidez acostumbro a alcanzar. Cerré los ojos, subí ligeramente las mangas de mi camiseta para evitar el temido moreno ciclista y reflexioné sobre un concepto que en las últimas semanas ocupa espacio y tiempo de debate futbolístico: que si jugar bien, que si jugar mal, que si jugar regular.

“Pero desde cuándo le damos tanta importancia”, me dije quizá en voz alta. “Y a todo esto, quién decide qué es jugar bien, mal o regular. ¿Platón? ¿Arrigo Sacchi?”, deliré unos instantes más.

Intenté entonces reconstruir la historia —mi historia, vaya— desde un enfoque empírico y me di cuenta, nostálgico, de que más o menos desde los ocho años y hasta mis actuales 29 he dedicado religiosamente un día de mi semana al fútbol jugado. Pero nada, en todo ese tiempo no encontré ni rastro del debate sobre el juego, y eso que me han entrenado tanto Cholos como Guardiolas, abanderados a día de hoy de ambos extremos sin que ninguno de los dos técnicos haya dicho ni pío al respecto. Mediatizados, esa es la palabra. Seguí haciendo memoria.

Pasé la infancia en campos de tierra donde te embarrabas literalmente hasta las cejas y donde el debate central no era otro que meter la pierna, a priori cholismo puro, me dijela adolescencia la viví en rectángulos de hierba artificial y caucho donde quizá nació el tiki-taka y donde murió para siempre aquella excusa barata de “joer, es que me botó mal”; la primera juventud discurrió en oasis mesetarios de hierba natural donde aprendí, a base de golpes, a dar menos y mejores toques al balón y el significado de el otro fútbol; y en los últimos cuatro años de segunda juventud —o lo que sea esto— correteo por carísimos recintos deportivos milaneses donde reina la concreción y no hay espacio para la filosofía, se gana, punto e basta.

Total, la friolera de 21 años de mi vida practicando el deporte rey bajo todo tipo de condiciones atmosféricas y anímicas, contra rivales de diversísima identidad cultural y variada propuesta futbolística y rodeado por compañeros con capacidades físicas y técnicas, ejem, heterogéneas.

Jugar bien, jugar mal, algo tiene que haber, me insistí. Me propuse entonces extrapolar algún chascarrillo o dogma del fútbol jugado al fútbol televisado, para intentar comprender mejor por qué este reciente afán por catalogarlo todo, empezando por el juego, como bueno, malo o regular. Eché cuentas, quizá usando los dedos. Aplicando una media de 30 partidos serios por temporada me salen unos 630 choques relativamente oficiales disputados —excluyo las pachangas, sujetas a reglas bien diferentes, hoy no es el día— y otras tantas charlas de vestuario en las que, ya digo, a nadie se le ocurrió cuestionar si se jugaba bien, mal o regular.

Jugar bien

Sí decíamos en cambio aquello de “vamos a tener cabeza, chavales, que no damos ni tres pases seguidos“, como imagino Luis Enrique arengó a los suyos en el descanso en el Calderón. Y es que el Barça ha jugado (¡supuestamente!) tan bien en estos años que cuando lo hace regular nos da la sensación de hacerlo mal, fatal. El listón está alto, el depósito de gasolina, ay, bajo. “Ya, pero si el árbitro pita esa mano de Gabi…”, me ha tocado leer; pero no, no, no me convencen. Messi no hubiera dejado lanzar esa pena máxima a sus amigos del tridente, esa no, y la hubiera marcado, esa sí, pero el Barça habría sucumbido irremediablemente ante el ímpetu colchonero en una hipotética e hipertensa prórroga que —gracias, Rizzoli— no tuvimos que ver y padecer.

Jugar bien es pasar la eliminatoria, ¿no creéis?

Jugar mal

También decíamos o escuchábamos a menudo al volver al vestuario en el descanso que “hay que espabilar, chavales, que hemos salido dormidos, nos están comiendo“, como imagino el Cholo espetó a los suyos tras la primera parte en Múnich. “Ya, pero si llega a entrar el penalti de Müller…”, he tenido que oír recientemente; pero no, que no, tampoco me convencen. Si llega a entrar hubiéramos visto una segunda parte parecida o idéntica de este Atlético ejemplar, aguerrido e inmortal que juega (¡supuestamente!) tan mal pero que gana siempre, gana incluso perdiendo, preguntad a Guardiola.

Jugar mal es quedar eliminado, ¿no creéis?

Jugar regular

En medio del pragmatismo con olor a Reflex propio de todo vestuario, emergía a veces una voz protestona que aseguraba que “no jugamos a nada, chavales. ¡Pa’ esto nos quedamos en casa!“, como quizá soltó el impecable Zidane a los suyos en el descanso del encuentro ante el insulso City del blandito Pellegrini. El chileno, que escuchaba asustado los gritos procedentes del que hace algún tiempo fue su vestuario, decidió copiarse y arengar a los suyos con la frasecita filosófica. “No juegan a nada, señores“, les dijo, timorato como su XI titular. Sin efecto. Hubieran tenido razón ambos, Zizou y Manuel, que estaban firmando una de las peores y más regulares semifinales de Champions que hemos visto últimamente. “Ya, pero si entra ese latigazo del Kun al final…”. Por favor, basta ya, dejadme.

Jugar regular es ver la final de Champions por la tele, ¿no creéis?

Anuncios

Un pensamiento en “Bien, Mal o Regular

  1. Pingback: Cohaerentia | 1 Mendo Difícil

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s