Cohaerentia

por @alejandromendo

Propúseme no citar la final de Champions y concederme un artículo terapéutico sobre la selección española, la Eurocopa y la coherencia, pero nada, no ha habido manera, he faltado a mi palabra desde el primer párrafo y ya en la quinta (palabra) he mentado a la undécima (copa). Sirva mi inocuo desliz como simbólico mea culpa introductivo que ilustra la complejidad de una actitud, la de ser consecuentes digo, que a menudo ni siquiera queremos practicar. El ser humano no es lineal ni desea serlo, quiere uno pensar.

La final. Leo que la mereció más el Atlético y sin embargo no estoy de acuerdo, no puedo estarlo, sería inconsistente con lo que escribí hace un mes. “Jugar bien es levantar la orejona“, os diría si quisiera adoptar una actitud lógica y consecuente con los principios que profeso. Así define la RAE la coherencia, del latín cohaerentia. A propósito, hace poco descubrí que sólo utilizamos 2.000 de las 94.000 palabras disponibles en el diccionario; un desperdicio a la altura del penalti que el imberbe Griezmann estampó en el larguero. La coherencia, eso sí, parece que la tenemos siempre en la punta de la lengua, como los periodistas deportivos el término fracaso.

No queda sino reconocer que el efectista desenlace de la finalísima de San Siro fue previsiblemente coherente, joder. El pálido e infatigable carrilero Juanfrán —así lo pronuncia su a veces incoherente entrenador— fue muy a su pesar consecuente con la sufridora historia atlética cuando estrelló en la madera el cuarto penalti y por ende las ilusiones colchoneras. “Vaya palo”, reían entre dientes y twitteaban algunos cuñados madridistas. Acto seguido un ultrabronceado y acalambrado Cristiano expidió a la red el quinto y definitivo lanzamiento, se quitó el envoltorio para deleite de su patrocinador y las masas, exhibió el caramelo, sonrió coherente a los flashes y envió por fax la undécima al concurrido museo blanco. Su alter ego Messi había apagado la tele cuando el boludo de Clattenburg no expulsó a Ramos instantes antes del 90′. El fútbol acostumbra a ser una imprevisible mezcolanza de lógica e incoherencia, por eso nos apasiona.

Pero yo, como dijo Umbral, he venido aquí a hablar de mi libro. La selección, centrémonos. Se acerca la Eurocopa, hermana menor de los mundiales, socorrido entretenimiento preveraniego uno de cada dos años pares, y una vez más pecamos de incoherentes, precisamente lo que criticamos en Del Bosque y sus listas. Lo somos porque recibimos el torneo con (exagero) un cuarto de la expectación que nos genera la Champions, sin reparar en que por cada cuatro orejonas vivimos un europeo. Deberíamos, siendo lógicos, dedicar a las selecciones la intensidad que otorgamos a los clubes multiplicada por cuatro. Pues todo lo contrario, ea. Los números, tan coherentes y lineales por definición, se nos dan fatal, como le ocurrió a Pellegrini en un Bayern-City cuando admitió desconocer que un gol más de los suyos hubiera significado obtener el primer puesto del grupo. Cuarto párrafo de mi terapéutico texto y termino hablando de la Champions, perdonad la incoherencia.screenshot.12

La lista definitiva del mesurado Vicente ha sido un impecable ejercicio de incongruencia decisional que bien podría estudiarse en las asignaturas de Filosofía o Ética, si es que existen todavía. Hablando de educación, esta semana repasé como cada dos años la demografía de nuestro país gracias a la entrañable y muy cierta cantinela de que “en España existen 46 millones de seleccionadores“. Si además observamos con un mínimo de atención la infográfica de los elegidos, notaremos como el photoshop aplicado a Bellerín y Lucas “el 9 de España” Vázquez nos indica lo sorprendente de su inclusión; ni se habían puesto la roja aún, los chavales.

En descargo del comedido Del Bosque diré que 1) quizá ha abandonado en parte ese bienquedismo tan castellano del que abusó en el pasado al descartar, entre otros, al díscolo e ineficaz Diego Costa, 2) en esta convocatoria su incoherencia incide más en la esfera personal del grupo que en la técnica, habida cuenta del nivel sensiblemente inferior de los nuestros en la actualidad, y 3) no se ha quedado fuera de los 23 ningún fuoriclasse indiscutible con quien hubiésemos sometido a los rivales camino de París.

Dicho esto, y dejando claro que el —a menudo ingrato— trabajo de mi paisano no es otro que el de la toma de decisiones, detecto inconsistencias en todas las líneas. Repasemos en tono constructivo.

En la portería no sabemos quién es el titular, y no lo sabemos porque quizá a Vicente se le ha ido la mano con la prometida transición dulce de Casillas a De Gea. Del primero hemos visto bastantes vines con actuaciones discutibles (eufemismo de cantada, ya sabéis) en el Oporto, del segundo estiradas espectaculares en el vulnerable United. Yo espero que juegue David y que Iker, paternal, le indique por dónde lanzan los penaltis los rivales, como Pepe Reina en Sudáfrica. ¿Será coherente o bienqueda Vicente?

En defensa el cuarteto inicial es innegociable: el guerrero Juanfrán, los buques insignia Ramos y Piqué y el velocista de la periferia Jordi Alba. La dolorosa lesión de Carvajal en San Siro obligó a Del Bosque a tomar una decisión en caliente: repescar a Mario Gaspar, que con la selección había firmado un par de actuaciones brillantes con sendos goles, o dar la alternativa al meritorio y supersónico Bellerín. Al final, de forma a mi modo de ver coherente, se decantó por el segundo.

Se critica la inclusión de Bartra, sin minutos en el Barça de Luis Enrique —ni de Pep, ni de Tito, ni del Tata—, pero las alternativas ni entusiasman (Albiol) ni gozan de más minutos que el catalán (Nacho), por lo que el técnico ha debido pensar aquello de lo malo conocido. Entendible. Echo en falta en cambio a Javi Martínez, para mí superior técnica y físicamente a los anteriormente citados y a San José y Bruno, y cuya polivalencia táctica hubiera permitido al seleccionador “ahorrarse” algún puesto y liberarlo en favor de los jugones. Vicente ha preferido incluir más defensas que en otras convocatorias, ¿tendrá pensado rotar en la zaga?

El centro del campo ha sido la niña bonita de esta selección durante el ciclo de oro y superpoblarlo fue la clave táctica que nos catapultó al éxito. Del Bosque es consciente de ello; en recientes entrevistas ha confesado que la idea de proteger a Busquets con un Xabi Alonso es tentadora, motivo que explicaría la inclusión de dos hombres como San José y Bruno, que a priori tenían pinta de descarte. Creo que aquí el salmantino se equivoca; si pretendemos mutar a un 4-5-1 o a un 4-2-3-1 existen mejores candidatos para flanquear a Busi, véanse Javi Martínez, Thiago, Koke, Gabi o Saúl. Me sorprende y desazona la no presencia de este último, probablemente y junto a Sergi Roberto la irrupción más llamativa y esperanzadora en la zona ancha ibérica. Jóvenes, enérgicos, dinámicos, llegadores; considero incoherente privar a la selección de lo que más necesita, Vicente.

Sorprende en menor medida la ausencia de Isco, que sigue viendo pasar trenes en su carrera sin erigirse en pieza fija. La sensación es que con un Del Bosque más “posicional” el talentoso malagueño se hubiera subido al avión, al fin y al cabo se ha quedado más cerca de la orilla que Cazorla o Mata. Mención especial merece Gabi, capitán general atlético y man of the match de la final de Champions, que nunca ha entrado en los planes del seleccionador debido a, según afirman algunas fuentes, su implicación en el amaño de partidos. Parecería por tanto coherente no incluirle en la lista ahora, aunque esa férrea integridad ética no se aplicó a rajatabla tras diversos comportamientos desafortunados de Diego Costa, que veía la roja en el campo y se enfundaba la Roja días después. Vicente, Vicente…screenshot.13

La delantera, siendo sinceros y coherentes, no pasa por un momento dulce en nuestra selección. En la mejor época, el gol se antojaba una mera consecuencia lógica del excelente juego que practicábamos, pero ahora que de nuevo somos humanos no podemos descuidar la importancia de la pólvora en la convocatoria. El propio Del Bosque ha declarado de forma más o menos explícita no estar convencido con ningún “9”; ni Llorente, ni Negredo, ni un renacido Torres, ni el fogoso Costa, ni siquiera el efectivo Alcácer han llenado los ojos del seleccionador, que ha optado —en una decisión bien coherente, todo hay que decirlo— por convocar menos delanteros centro de lo habitual. El gato al agua se lo ha llevado con justicia el prolífico Aduriz, por quien no pasa el tiempo. El ariete titular es Morata, que ha de ser nuestro Villa, si bien el listón del asturiano está tan alto que parece injusto y poco coherente esperarse tamaño rendimiento del joven juventino.

Por banda desde Joaquín y Vicente seguimos sin especialistas de tronío; archivado el anodino Jesús Navas y (muy) venido a menos el otrora cumplidor Pedro, promesas como Deulofeu o Jesé no han sabido explotar en este ciclo postmundialista ni aprovechar la evidente bajada de nivel en la absoluta. No han sido consecuentes con su potencial, en suma. Sí lo han sido el maestro Nolito y el emergente Lucas Vázquez, que se cuelan en la convocatoria con pleno merecimiento.

Termino con un clásico, mi previsión lógica del primer XI titular del a veces incoherente Del Bosque:

De Gea; Juanfrán, Piqué, Ramos, Jordi Alba; Busquets, Koke, Iniesta; Silva, Nolito, Morata.

#VamosEspaña

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