Camaleónico

por @alejandromendo

Time flies when you’re having fun, acostumbraba a decir un carismático profesor que tuve en la facultad; “británicamente” simpático y muy futbolero (muy del Liverpool), el bueno de Marcus solía fingirse despistado y en mitad de una lección preguntaba al soñoliento alumnado por la hora. Fuera cual fuera la respuesta proveniente de algún alma cándida en primera fila, nos reconducía sonriente al apasionante mundo de la traducción especializada inversa soltándonos con inimitable ironía inglesa eso de que el tiempo vuela cuando uno se divierte. Nos hemos divertido como nunca* con el Barça de Luis Enrique and here we are, arrancando ya la tercera temporada con el temperamental asturiano a los mandos del joystick**.

*digo “como nunca” porque creo que este ha sido/está siendo el Barça más divertido de siempre; es más fiable y menos volcánico que el Dream Team de Johan, sufre menos en defensa que el de Rijkaard y Ronaldinho, es más vertical y ataca más —no sé si mejor— que el de Guardiola y gana igual o más títulos que todas las versiones anteriores.

**digo “a los mandos del joystick” porque en este periplo hemos disfrutado de actuaciones, y perdonad el tópico sobreutilizado aunque no por ello menos preciso, dignas de Play Station. Si alguna vez se os plantea la duda, muy lícita, de si este es el Barça más bonito de ver, basta degustar este vídeo para convencerse de que sí.

Pero no siempre lo he tenido tan claro contigo, Lucho, lo reconozco.

Hace un par de años, durante la temporada del vibrante Triplete blaugrana, admití haber transcurrido el curso futbolístico tratando de descifrar si, y cito más o menos textualmente mis palabras de entonces, “diste con la tecla cuando dejaste de hacer experimentos o bien dejaste de hacer experimentos cuando diste con la tecla”. Ya sabes, lo del huevo y la gallina. Pero perdóname, soy por definición escéptico con los entrenadores. A día de hoy, con 7 títulos conseguidos de 9 posibles, me gusta creer que he obtenido la respuesta: te has sabido adaptar al entorno y a tus jugadores. Darwin estaría orgulloso. 

Carismático e irónico como mi profe aunque peor comunicador —la prensa te odia, habida cuenta de tus respuestas cortantes pero bien sinceras, un caso aislado en nuestro fútbol—, necesitaste media temporada para aclimatarte y entender que era necesario dejar el orgullo guardadito en el cajón de la mesilla de noche y que debías dirigirte cada mañana a la Ciudad Deportiva culè a disfrutar de tu trabajo y de la inmensa fortuna de entrenar a algunos de los mejores jugadores de la historia del club. Y es que ser entrenador del Barça sólo ocurre una vez en la vida (a no ser que seas Van Gaal), por lo que incluso un cabezota pasional como tú supo rectificar a tiempo y guiarnos en volandas —lo repito porque es remarkable, como diría Marcus— a levantar 7 títulos de 9 disputados. Gracias.

Evolución, adaptación.

De forma a mi modo de ver inteligentísima, has abrazado la filosofía de Groucho Marx recogida en la célebre frase “estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros“. Es verdad que en rueda de prensa sigues comportándote como un gallito, pero donde entonces había tajantes “decido yo; si juega Messi lo decidiré yo” hoy hay balsámicos y realistas “decidirá el jugador; Leo es el mejor en todas las posiciones y decidirá él cuántos minutos jugar”. Al fin y al cabo no era tan difícil, Lucho. La tecla era Messi. 

Vuelvo a tu trayectoria en el banco. Si en el primer año el innegable punto de inflexión había sido el Anoetazo sobre el que se han derramado litros de tinta, el curso pasado estuvo marcado por la eliminatoria en Champions contra el rocoso Atlético del Cholo. Rocoso antes de las finales, entiéndase.

Habías planteado la temporada post-Triplete de manera a priori sensata; la idea era firmar un invierno a velocidad de crucero —con exhibición incluida en un atónito y gélido Bernabéu, estadio más acostumbrado a brillar en primavera— hasta adjudicarse el Mundial(ito) de Clubes ante un River Plate con más nombre que hombres. Aunque se abrió brecha en Liga, la sanción FIFA resultó ser más decisiva de lo que imaginábamos y apenas pudiste (¿quisiste?) rotar en la primera vuelta; confiabas en revitalizar la cabeza y las piernas de los tuyos desde enero gracias a la supuesta energía y presunta calidad de dos incorporaciones que sobre el papel mejoraban equipo titular y plantilla, Arda Turan y Aleix Vidal.

Ambos te defraudaron y hubiste de encarar la fase decisiva de la temporada con un XI castigado y exprimido en lo físico, que tuvo que sudar la gota gorda para conquistar Liga y Copa con enorme mérito. Te tuviste que conformar con ver por la tele cómo Zidane mandaba a la lona a Simeone en otra final. Si el primer año dudé de ti y mucho, el año pasado creo que los jugadores no te respondieron. Y esa mano de Gabi…

Aunque en general no estoy para nada de acuerdo con la teoría según la cual de las derrotas se aprende —soy de los que quiere ganar hasta a las chapas, y creo que tú también—, parece claro que tu petición a la directiva para este tu tercer curso ha sido la de mejorar el fondo de armario. Y es que el año pasado, con 2-0 en el Calderón, las soluciones del banquillo azulgrana pasaban por un tiernísimo Munir, un inadaptado y lento Arda o un renqueante y discontinuo Rafinha, opciones pobres para un equipo cuyas ambición y exigencia pasan por revalidar el Triplete, ahí es nada. Es muy pronto para saber si Denis Suárez, André Gomes, Paco Alcácer o el propio Arda, que ha vuelto por sus fueros últimamente, serán recambios de garantías a la hora de la verdad en el Etihad, el Calderón, el Allianz o el Bernabéu. Veremos.

Lo que sí podemos intuir ya desde septiembre es tu intención de volver al minucioso reparto de minutos con el iPad en mano, aquel método que yo mismo te critiqué el primer año. Me equivocaba. El tiempo y la colección de títulos que has añadido a las vitrinas del club te dan la razón a ti, Lucho, y ahora que sonríes si te giras hacia el banquillo de suplentes entenderé que dosifiques a la plantilla.

Así que rompo una lanza a tu favor, ya que casi nadie lo hace. Pero atención, la derrota de la semana pasada ante el Alavés —que quizá no represente, por tempranera, un verdadero Anoetazo— debe hacerte ver cuándo, cómo y cuánto (¡y quién!) rotar; confío en que añadas tu toque personal al frío análisis estadístico de minutos disputados que arroje tu device, que no entiende de fútbol sino de prestaciones o performances, que diría mi profe Marcus.

Has sabido imprimir tu carácter al equipo y no te culpo si a menudo nos saltamos el centro del campo, ya no está Xavi y los años pasan también por Busquets e Iniesta. Necesitábamos añadir verticalidad a nuestras vidas y tú nos la has dado.  Has sabido innovar exigiendo que el balón se saque jugado desde el portero aunque eso nos cueste algún disgusto en forma de gol. “Que nos vengan a buscar”, llevas un par de años diciéndole a Jémez, a Valverde, a Guardiola o a quien sea, luego cuando Messi recibe con relativa comodidad en 3/4 de campo todos sabemos qué ocurre. Has sabido fingir que no controlamos el partido (como mi profe Marcus se hacía el desorientado en las clases de traducción especializada inversa) para despistar al rival y matar en una contra. Has apostado por Sergi Roberto y quizá eso baste para creer en ti y justifique un artículo como este. Has sabido crear el contexto ideal a los tres tenores para dominar Europa con sus zarpazos de videojuego. Hasta has permitido que dos de tus tres arietes se tiñan de rubio, con lo que tú eres…

Te has adaptado a los tuyos; hace falta ser muy inteligente para hacerse el tonto. Yo no creí en ti durante un tiempo, pero ahora me has convencido. Te doy crédito, no me falles en abril.

Sé tú mismo. O no. Sé astuto y camaleónico, Lucho. 

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