Hemos Venido a Jugar

por @alejandromendo

Aunque ya nadie hable de ello y suene a anécdota decimonónica (o más bien vigesimesca), hace exactamente 17 años se produjo un gran revuelo acerca del cambio de siglo. Figo aún no había traicionado al Barça y sería elegido Balón de Oro por unanimidad, no existía un Brexit ni un Trump sobre los que opinar en las cenas navideñas ni había redes sociales donde #pontificar y #expresarse #libremente, por lo que el pueblo llano en conjunto sintió imperiosa y sistemática necesidad de posicionarse en uno de los dos bandos existentes.

A finales de 1999 el comité de listillos de Wikipedia (o más bien de Encarta) se mofaba de la cuadrilla de inocentones que nos disponíamos a celebrar “de forma especial” el cambio de año y, oh, de siglo y, oh, de milenio. Los primeros, asistidos por la razón y las matemáticas pero con marcado sabihondismo, nos emplazaban a posponer los festejos al año sucesivo ya que el siglo XXI, el de los coches voladores y todo eso, empezaría técnicamente en 2001. ¡Técnicamente, decían los cuñados de 1999!

Pero el ser humano —Ilustración y otros resbalones históricos aparte— siempre ha preferido guiarse por su instinto y obedecer a los sentidos, que para eso están; y hacer caso a lo que ve, oye y toca. Como exclaman con desparpajo los concursantes en la tele, Hemos Venido a Jugar. De modo que yo mismo subí sin dudar al carro de los simplones y traté de despedir el año y, oh, el siglo y oh, el milenio de manera simbólica ya en 1999. Porque a las 23.59 de aquel 31 de diciembre, debí decirme, cambiarían no uno sino los cuatro dígitos en la fecha de mi Casio sumergible y porque, qué narices, el siglo XXI empezaría cuando yo y mis calzoncillos rojos quisiéramos.

Mi peculiar y adolescente fijación en las horas finales del año y, oh, del siglo y oh, del milenio fue decidir la última canción que sonaría en mi walkman Sony plateado (¡chupáos esa, millennials!) antes de la cena de Nochevieja. Las candidatas a tan preciado galardón eran “Canned Heat” de Jamiroquai —que habré escuchado tres veces contadas desde entonces— y algún temazo extraído de los dos mejores discos del pasado milenio, aquí sí puedo y quiero hablar con propiedad: “Americana” de Offspring y “Californication” de Red Hot Chili Peppers, producidos respectivamente en 1998 y 1999 para evitar polémicas con el ejército de listillos. Obras redondas del siglo XX.

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Un buen año lo tiene cualquiera

Supongo que confieso todo esto ahora en parte porque la historieta es colorida, me deja en buen lugar y demuestra que ya de chaval gozaba de un gusto musical sobresaliente pero sobre todo para ilustrar que los años no son sino representaciones temporales prefabricadas de un continuum vital más vasto, sinuoso e indescifrable.

Qué es un año o un mes o un siglo sino una mera unidad de medida, un compartimento aleatorio y a la vez preciso, un vagón del tren de nuestra existencia, un cajón que se abre en esa amplísima timeline mucho menos lineal de lo que nos gustaría creer.

***

Pero como “Hemos Venido a Jugar”, a continuación un (extremamente) subjetivo resumen filosófico-deportivo de lo más destacado de 2016 en Twitter; dónde si no.

 

***

ENERO. Pasar del 15 al 16 fue más sosegado que cambiar el 99 por el 00; no hubo cambio de siglo aunque sí de ciclo para algunos. A rey muerto Benítez (¿os acordáis de Rafa?), rey puesto Zizou. A propósito de reyes, SS. MM. de Oriente dejaron carbón en varias casas tras su anual visita. “Se veía venir la mascletà afirman los cuñados con smartphone de 2016.

tweet_24.PNGFEBRERO. Como aseguran los amantes olvidadizos, “San Valentín es todos los días del año”, por lo que Messi se encargó personalmente de que nos volviésemos a enamorar en una oscura noche de domingo, un 14 de febrero y contra unos gallegos con camiseta celeste. ¿Hay algo más romántico que un penal indirecto? “Depende”, dirán los del Celta.

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tweet_22.PNGtweet_12.PNGMARZO. Fue guardar abrigo y bufanda en el armario y ponerme una chaquetilla de lo más trascendental. Sentado en un banco al sol elucubré, cavilé y traté de entender —el interaction rate de mis tweets indicaría que sin éxito— por qué el Fútbol nos tira tanto. ¿Sugerencias?

tweet_19.PNGtweet_20tweet_21Las reacciones a mi incendiaria “teoría de la predecibilidad” no se hicieron esperar; sólo 24 horas más tarde llegaría una respuesta que me pondría en mi sitio, con los pies en la tierra.

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ABRIL. Demasiado tarde para hablar del Balón de Oro del año pasado (Messi) y demasiado pronto para hablar del del año que viene (Cristiano), el por entonces intacto Atlético de Madrid supo encontrar su nicho de mercado en la vorágine dialéctica socio-deportiva. Al niño Torres se le caían los goles y a Simeone —el fútbol es un juego de pillos— los balones.

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MAYO. En el mes de las flores nos soltamos el pelo y dimos un recital de sabiduría popular, refrendando el delicioso dogma según el cual “un español con una copa de la mano sabe de-to-do.” Final de Champions por penales, desenlace noventero de la Liga, Eurovisión, convocatoria de Del Bosque… se nos acumulaban los temas sobre los que #pontificar.

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ESPECIAL FINAL DE COPA. Durante y tras aquel Barça-Sevilla en el Calderón viví una experiencia multisensorial sin precedentes, a mi juicio el episodio más relevante de mi año. Se produjeron dos hechos complementarios, novedosos y extraordinarios:

1) vi ganar al Barça un partido importante gracias a sus, permitidme el tecnicismo, cojones.

2) por si esto fuera poco, al día siguiente comprobé que compartía opinión con el muy protestón carrilero zurdo y autor del gol de la victoria Jordi Alba.

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JUNIO y JULIO, la Eurocopa y tal. En su día ya proclamé con cierta vehemencia que el torneo y su recién estrenada fórmula “inclusiva” me parecieron una desilusión máxima a todos los niveles. Lo malo es que ha venido para quedarse. Esta fue mi parábola emotiva:

De la expectación…

tweet_14.PNG… a la desazón más pura.

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En AGOSTO y SEPTIEMBRE Twitter está cerrado, como supongo que ya sabréis.

OCTUBRE, NOVIEMBRE y DICIEMBRE. “El primer cuatri”. Las mentes más brillantes de nuestro tiempo aprovechan periodos de transición para profundizar en temas aparentemente ajenos al Fútbol como medicina, música e inmortalidad o para analizar amenazas a la integridad del deporte rey como la tecnología aplicada al arbitraje.

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***

¿Y ahora qué?

El objetivo para el próximo año, para cualquier año que se precie, no puede ser otro que el de pronunciar la frase “Hemos Venido a Jugar” el mayor número de veces posible y actuar de forma consecuente.

Yo ya he empezado con los buenos propósitos…

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Hasta siempre 2016, ¡que pase el siguiente!

 

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