Vasos Comunicantes

por @alejandromendo

“El Barça lo que necesita es fichar bien y una temporada sin lesiones de Bale, joder ya”, me sorprendí pensando en voz alta el otro día en la cola del super. Una leve descarga de calor aterrizó entonces en mis mejillas, una suerte de vergüenza torera por lo que acababa de soltar a unos desconocidos que ni siquiera hablaban el idioma en el que me dio por enunciar tan castiza teoría. Como los cajeros son más lentos que Mathieu con 50 metros a la espalda en La Rosaleda, para cuando llegó mi turno el rubor facial se había apagado como las carreras de Masche e Iniesta, quienes ojalá sientan una pizca de ese sonrojo a la hora de plantearse la próxima temporada. Eso si el año que viene sigue habiendo fútbol, que está por ver.

Porque lo del Madrid es para echar abajo la trapa y mandar todo a la porra, buscarse una pasión alternativa al fútbol o qué sé yo; qué bien les queda la camiseta de ganar, qué envenenados y certeros son sus disparos a la portería del rival, qué funambulesca y sistemática grandeza en los minutos final… Antes del siguiente halago el cajero me devolvió a la realidad preguntándome si quería una bolsa. Me tocaba pagar, como al Barça este verano. “Y con fichar bien me refiero a Bellerín y Bonucci, Dembélé y Deulofeu, Verratti y Coutinho; no uno o el otro, capito?”, me despedí airadamente de mis perseguidores en la cola. Y es que no debería ser tan complicado convencer a tres o cuatro titularísimos prometiéndoles (por este orden) dinero, prestigio y que correrán para la gloriosa MSN. ¿O qué?

Colocando la compra ya en casa caí en que el propio Zidane admitió que esto del fútbol no es tan difícil; desde luego no parece haberlo sido para él en este año y medio de viento en popa a toda Champions. Pero seamos pragmáticos, me dije tirando el ticket a la basura sin revisarlo, la magia de tener enchufaditos a 20 tíos tiene caducidad como los yogures que acababa de meter en la nevera; el hechizo de la gestión inmaculada a prueba de business plan acabará por romperse, ¿no? Esta temporada al Madrid del galo la tostada le ha caído siempre por el lado sin mermelada, algo que no está reñido con haber sido el mejor sin discusión; es más, ambas variables tienden a coincidir.

Imaginaréis que reconocer esto me supone un esfuerzo ímprobo, comparable al de los protagonistas de películas y series americanas que, después de haber tragado saliva y respirado hondo, se ponen serios para emitir un ceremonioso “I’m sorry” que parecía pesarles como una losa, como las bolsas de la compra cuando exageras con las botellas de agua. El hasta entonces ofendido interlocutor aprecia el gesto, disfruta el momento y pasa página firmando la paz. Ergo madridistas de bien, leed atentamente y pasemos a otra cosa: habéis sido mejores. Que no se repita.  

Mejores pero no tanto

La distancia entre Barça y Madrid no es sideral en lo deportivo, me atrevo a pensar aferrado a una rendija de optimismo primaveral y veremos si pasajero. Me explico. La composición de los onces titulares no se antojaba tan diferente a principios de curso. Los cortos de memoria que otorgan a Zizou el mérito que quitan a Lucho olvidan que la MSN y la BBC eran tan innegociables en un bando como en otro; sobre el papel ambos equipos se construían a partir de los tres delanteros. Tres.

La planificación deportiva de los clubes, esta sí muy distinta, ha dictado sentencia evidenciando dos enfoques opuestos ejemplificados a la perfección en el centro del campo. Si tuviera que argumentar esta tesis en una presentación de trabajo, en la primera o segunda diapositiva escribiría bien grande que las estrategias top-down de ambas entidades han incidido directamente en el rendimiento bottom-up de los jugadores.

Hablando en plata: las decisiones de los presis han marcado el devenir de la temporada de los jugadores que visten la camiseta de “Los Vasos Comunicantes del Fútbol Mundial”, que es como se titularía mi presentación, por si os lo estábais preguntando.

Pero ¿qué ha pasado exactamente en la sala de máquinas?

A diferencia del Madrid, el Barça ha pecado de proteccionismo con sus “primeros espadas” de la zona ancha. Los blancos aumentaron la competencia hasta un nivel sin precedentes con el envidiable ramillete Casemiro-Kovacic-Kroos-Modric-James-Isco-Asensio, siete centrocampistas de garantías para tres puestos que posteriormente y para alegría de Zidane fueron cuatro. Florentino puso toda la carne en el asador y Bale evitó con sus lesiones que Chef Zinédine se quemase las manos al cocinar este plantillón. Por su parte, Bartomeu y Robert reforzaron el equipo (es un decir) con los muy verdes André Gomes y Denis Suárez y apostaron (es un decir) por la continuidad de intérpretes ligeramente más consagrados pero proclives a las lesiones como Rafinha y Arda, en teoría del gusto del entrenador pero discontinuos por definición. Además, con Aleix Vidal primero denostado y luego lesionado, Sergi Cabalgata Roberto nunca pudo dar aire a Busquets ni ocupar la tierra prometida del centro del campo.

En suma, “una serie de catastróficas desdichas” de la parcela deportiva que Luis Enrique tuvo que tragarse. Así las cosas, el asturiano rotó lo que pudo durante los dos primeros tercios de temporada y hasta la 2ª evaluación sacó más o menos las mismas notas que Zidane. A mediados de abril Lucho sufrió una inexplicable “pájara táctica” en ocasión de la semana de dolor azulgrana, ya sabéis, Málaga y Torino, donde Mathieu y Mascherano fueron de la partida en los 180 minutos más importantes del año antes de desaparecer del mapa. Mientras, Jordi Alba presenciaba el via crucis desde el banquillo. Me lo expliquen. Ah, sería injusto no acordarse de la infantil expulsión de un desquiciado Neymar a quien la resaca del tan instagramado y viral 6-1 duró mucho más de la cuenta.

Virgencita, virgencita, que me quede como estoy

En la muy deficiente planificación blaugrana se intuye una idea de fondo: la de no amenazar el estatus de intocables de Rakitic e Iniesta, quienes no han firmado su mejor año ni se merecen ya ese apelativo, tampoco el manchego. En cambio, la ambiciosa y muy eficaz planificación blanca mandó un claro mensaje a navegantes desde la casilla inicial: a por todas.

Si lo analizamos con los trofeos ya celebrados y expuestos en el museo —el “As de Bastos” y la Liga en Madrid, un chupito que casi dio apuro celebrar en Barcelona—, el tiempo ha demostrado que el mayor riesgo lo asumió el Barça el verano pasado no asumiendo ningún riesgo.

Un comportamiento conservador de este tipo habría sido entendible en la temporada posterior a un Triplete o a un éxito del calibre de la Champions; viniendo de donde venía el Barça (ver alzar la Undécima a su archienemigo y los abdominales de CR en HD), la dirección conceptual del club ha resultado negligente e imperdonable. Yo mismo celebré el honesto, meritorio y sudado Doblete de la temporada pasada mientras mis allegados culès abogaban por no ganar ciertas copas “a cambio” de renovarse y al final voy a tener que darles la razón.

Y ahora qué

Este verano Barça y Madrid tienen ante sí un escenario complejo pero conocido.

Para el Barça ha llegado el momento de pensar en el equipo y no en los jugadores. Esto es, mover el árbol no puede limitarse a la llegada de un entrenador con nuevo librillo, es necesario sacudir (no sé si literalmente) al equipo añadiendo retoques en forma de titulares y aspirar a una gestión ganadora análoga a la que ha practicado el eterno rival durante esta temporada. Para el Madrid será clave no excederse con el reconocimiento a ciertos integrantes de la plantilla: Keylor, Benzema… Florentino sabe que deberá seguir apostando por la altísima competencia interna pero que ya no será con los James, Pepe, Morata y veremos si Bale como suplentísimos.

¿Quién acertará desde arriba entonces? Nadie tiene la respuesta, aunque si mi hipotética presentación powerpoint se titula “Los Vasos Comunicantes del Fútbol Mundial” es porque sabemos a ciencia cierta que sólo uno de los dos sacará sobresaliente en estrategia. Es lo bonito, ¿no?

¿Podrá, querrá y sabrá Valverde replicar el modelo Zizou, montar una fiesta con 20 invitados y que todos se lo pasen bien y salgan sonriendo en las fotos? 

 

 

 

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